En el engranaje de la vida,
las arandelas abren el ojo de las preguntas.
La oscuridad cierne señuelos en la encrucijada
esbozando miles de opciones
tras la duda que carcome
y los dedos afinan la intermediación,
intentando exponer
los sensores que le habitan.
¡Nace la palabra desesperada!
Sus inquietudes son tantas que no consiguen
exprimir el contenido del todo que la aborda.
El rompecabezas late desordenado sobre la mesa…
La vida corta se hace eterna
desolación interior explotando a gritos
ansiosa por transmutar en verbo
la metamorfosis que impulsa a escribir.
Duele el eco que ataca a mansalva
desnudando al ser que despierta.
¡Es lluvia!
Se persigue a sí mismo
cuestionándose, evocando…
quebrándose mientras la noche se hace tan oscura
que solo el volcán interior
alumbra el ventanal de su mirada.
¡Está absolutamente solitario!
No hay nadie delante
tampoco, detrás…
Sus pasos caminan rozando el puzzle y sus acertijos
enredándose aún más,
desamarrándose al vislumbrar su propio rostro
entre la penumbras
que saben su nombre.
¡Escribe o muere! Se entrega entero…
claudicando ante el holocausto del silencio
que se lo lleva,
quebrando en su garganta al tiempo,
fracturándose en tantos pedazos
mientras alucina
creando nuevos laberintos.
Scarlet C
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