Pronúnciame con tus ojos
que no caiga en el olvido
que no me sepan tus labios
a tristes besos cautivos,
que todo tu rostro sea
mi luz, mi guía y mi amigo.
Abraza mi frágil cuerpo
aún sin haberlo visto,
que en él hallarás velados
tenues silencios perdidos
el agua azul de mi risa
y mis deseos heridos.
Pronúnciame con tu boca
que el viento traiga consigo
la calidez de tu aliento
y el vapor de tus suspiros
que se rompan los silencios
que se enteren mis oídos
que mi nombre lo conoces
que no caiga en el olvido.
Isidoro Irroca
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