Por entre las ramas adormiladas viene llegando la noche, los sauces duermen, guardando entre sus ramas polluelos de aves cantoras que aún no emprenden vuelo,
las palmeras altas y frágiles, con sus penachos de hojas como indios en guerra vigilan en la hondonada, el último adiós del sol entre nubes allá en la lontananza...
Dejando entre las piedras del camino guardado el calor del día,
llegará el silencio!
Caminaré descalzo sobre las calles empedradas del pueblo de mis cuitas,
llevando sobre mis hombros un tabardo roído por el tiempo, y mi cabeza llena de recuerdos, cuando mi vida era un incierzo allá en la antigua Grecia donde Cornelius Nepote, dejó escrito en letras de oro mis hechos...
La noche fue testigo de los lamentos que dieron los alzados en las mazmorras por sublevarse contra mi pueblo, allá quedaron enterrados sus cuerpos entre la arena el olvido y el tiempo, así quedaron escritos los hechos, no salieron de la Grecia, solo mis recuerdos que cabalgan sobre mis hombros como el tabardo viejo.
Llega la noche, y con ella el olor a humo de pebetero de lámparas de kerosene de aceité de ballena de incienso,
Ruidos de rodillas hincadas en el suelo pidiendo perdón al cielo, y el cura vestido de blanco y cinto al hombro flagelando el pecado con la soflama del sermón en verso, le sacará los últimos peniques al reconcomido penitente, la noche es larga y no hay sustento,
Se cerrará el gran portón, las velas se apagarán, la campana guardará silencio y el Cristo crucificado sobre sus hombros dormirá lo eterno.
El hombre malvado, lo condenó a vivir colgado en ese madero.
El hombre de Dios, entre oscuridad y sigilo por la puerta de atrás saldrá, con sombrero negro bigote de mostacho y capa larga su presencia cubrirá.
¡Ella en silencio lo esperará!
¡Él en silencio llegará!
¡Y en silencio ellos se amarán!
¡Ella es mujer!
¡El hombre también!
Por entre las ramas adormiladas de los sauces viene llegando el día, trozos de bruma sobre la grama verde como pedazos de periódico viejos juguetea con el viento, aves y mariposas comienzan su aleteo, de blanco vestirá el santo de la iglesia que todos reverencia...
Yo que lo he visto todo juzgarlo no me atrevo,
¿Juzgar a un hombre
por ser hombre a la media noche entre Dios y el cielo?
¡No!
Que se vaya al carajo el Vaticano con su cuento.
Y el cura a ser feliz con su amada en los aposentos.
Albaro Ballesteros -Colombia-
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