-Para surrealistas-
Imaginarios puentes en una ciudad irreal
aún permanecen en pie.
Ilusoria metrópoli, corazón, informe escolar,
pequeña niña, gramática
(que utiliza el mecanismo
de una torre de reloj),
lugares donde los santos
siguen inculpando a visitantes,
susurran engaños
en lugar de confesiones,
cosas no escritas-
sin boca,
alineadas máquinas de escribir innecesarias
y siempre antiguas computadoras.
Los puentes del Danubio en pie,
cual confesores,
canciones para barqueros y transportistas
llenan el aire y existen
las carteleras más ilegibles;
percibo bajo el puente más antiguo,
gente durmiendo con un libro abierto:
“Bratislava invisible en sus rodillas”.
Cansados hasta la muerte
debido a un largo asedio en la urbe.
“No” uno de ellos despierto murmulla:
“la musa está sobrepasando a Troya”.
Sobre el costado tranquilo
un comprensible grafiti:
no duermas, enciende el sol.
Otro no es tan claro:
Muerte a las alondras y a las alas nocturnas.
El tiempo cambia
repitiendo todo en sentido inverso.
En este punto
“quisiera decir algo sobre poesía
y espiritualidad como para ser recordada,
aún si ni siquiera creeré mañana en mí mismo
todo es exactamente lo que es hoy”.
Admito que la afirmación es contagiosa,
nostalgia eterna.
“Caminar por la noche en lugares desérticos”.
Por lo tanto, adiós, querido,
adiós, puentes sobre el Danubio;
fuiste a la estación de la eternidad
en la última mujer de un tren…
Miroslav Bielik (Eslovaquia) Traducción Alicia Minjárez
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