la familia está en la ropa
de cada día en el tenedor
en el bocado
en la explosión del puré de calabaza
la sintaxis familiar descansa en la
fragmentación del cuerpo:
la poesía infierno de mis partes así somos
las palabras
la bicicleta azul prolonga mi vestido
pedaleo
las vueltas se repiten alrededor del nogal
ramaje y nueces derraman padres rotos
pedaleo
la mariposa atrapada en la rueda sangra el arco iris
en el quicio de la metáfora
el teorema de la existencia si me roza hasta la herida
la cara se queda sin cara
entierro
prematuro de quien hunde desesperación
en el lenguaje
hay hormigas en mi cocina evoco
a marianne moore
la poeta
han cavado entre los libros la tumba la seda del verbo
salieron en procesión degradando
adverbialmente el caos de mi alacena no han podido hacer
del azúcar
el sueño de un caballo
a mí
me raptaron
me besan con dolor
el poema empieza en el sacrificio
me afilo
derrame de jardines sobre el caracol:
última fiesta bajo el pétalo caído
Del libro “La carta de vermeer”
Uno sabe que no puede convertirse en nada descabellado al viento cuando dialoga con un pescador uno sabe que el mar es silencio y rebeldía en la inacción uno sabe que perderse en otra piel es desandarse de uno mismo está escrito sellado en la arena
qué espera el pescador más que una mujer triste atareada en la escama? barcos que la mujer de sus ojos desquita? su cara astillada en la arena? un poema que desahucia en el caracol?
debo romper la idea después de descubrirla la distraigo la desvío hacia otro derrumbe del lenguaje escribo en la arena lo perdido en tus ojos
Del libro “Diálogo con pescadores”
El descenso de jacqueline du pré
Preludio la ceniza de mi infancia: mi madre arañaba los ojos del incendio y me dormía así los cuentos de la noche encallaban el árbol en su sombra el agua ardía en el devenir de los infiernos allí donde la música esparce sus caballos y me deja
no puedo quejarme de los huesos: la música se ha enfermado en mí he roto la cuerda un acto de confusión y de olvido miles de manos entre sábanas riéndose intentaron elevarme sostenerme en la gloria me he dormido sobre la escena no hubo tiempo para el desarraigo estoy aquí: los dedos tiemblan cuando amanecen sobre la madera intacta del silencio
Del libro “Museo de postales”
Mi lugar de arena un orfanato dentro esas niñas tensas que no fui niñas que no soy niñas que no habrá todas sienten lástima de mí cuando me exploran mastico arena en un rincón sin bordes ni horizontes y no me escuchan cuando canto
Cuando canto es cuando muero y ya no sabré viajar de mí hacia mí elevándome en la bicicleta azul o en un poema antiguo trozos de niña en el bordado del mantel sus estridencias y el óxido donde bailo añoro música la arena del castillo deshaciéndose el baldecito rojo el mar arrebata la escritura y cuanto más moja más revela la desdicha esa hinchazón de la mañana sobre el labio
Del libro “El orfanato”
MARÍA MALUSARDI -Argentina-
Compartido por Rolando Revagliatti
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