lunes, 11 de febrero de 2019

DEL HUERTO / SIEMBRA / DE UNA RAMA


DEL HUERTO

1.

No es fácil ser árbol, sospecho.
Siempre a la misma tierra va el insondable rostro del eco, y en su corteza cada vez más profunda la cumbre solitaria de lo secreto.

Y parece fácil, en verdad, seguir así de quieto para danzar con el viento o los pájaros, y tras la tarde no echarse a andar con ellos.

Sin embargo, tantas hojas hubo en la mirada antes del vuelo.

A solas con las horas, muy al fondo del día, la raíz llega a ser leño, cuando el aire agita la sombra de sus ramas.

2.

Donde el agua nace, discurren otras batallas.

Ya tiemblan las nervaduras del aliento, y el puño de la mano señala la flor erguida del alma, donde la luz quemara el cabo de cada mañana.

3.

Las últimas piedras, aún jadeantes, persiguen el horizonte y cercan el azul cautivo del aire.

La ceniza da la señal sin detener la gota más próxima de lo distante.

Mas no es fácil ser árbol, sospecho; crecer en el silencio:

SIEMBRA

1.

Tantos árboles tomaron la mano del viento, y sin apartar ninguna otra sombra, recorren la calzada que guarda aún el cielo.

Las hojas del horizonte anidan en los párpados abiertos. Y las palmas colman el hollado aliento de hollar la tierra de cada nombre.
Sin abrigo, ya el sueño posado en la mirada toma la piedra, y la ver irse desnuda por el cauce del bosque.

Cuando ese rumor bebe silencio y duerme en la carne, no basta el corazón para acallar los latidos del aire.

2.

En tanto la sombra espera florecer cada día, no ser solo broza del cuerpo, ni piel de la distancia cuando es lo único mirado.

3.

Ahora la voz tienta los murmullos del patio que la infancia sembró con sus pasos.

Y las hojas entre latido y ceniza, donde el adiós del madero se posa.

En el aire arraiga sus raíces el beso, lo cercado por la intemperie del metal en los labios es su secreto:

DE UNA RAMA

1.

Por qué no decirlo.

Si por entonces bastaba con abrigar el latido del sol, y avivar el cuerpo exhausto de la tierra pisada, para viajar junto a los pájaros otra mañana.

Luego el alma ya no pudo jugar a las escondidas con el viento ni ser lo mirado del agua; este paisaje aún distante en la mano cerrada.

Entre leños y ramas, oteo el huerto cercado de la infancia.

2.

Cuando es siembra lo dicho por el campo, el fruto caído da su aliento al sueño que tanto reposo buscara en los huesos.

Tras el horizonte desnudo, el camino del cielo cubre cada mirada.

Mas la ceniza aquieta lo lejano del aire. Y ahora es lengua el pensamiento que no levanta ninguna otra muralla.

3.

Incluso muertas brillan las estrellas, su luz gana el costado con la visión de los pasos.

Es cuando el sueño vence la noche, y la claridad del día boca abajo inclina la piedra del tiempo.

Por la sombra habla la mañana; a cada pisada sigue lo cercano más callado.

FELIPE GARCÍA QUINTERO -Colombia-
Publicado en Luz Cultural

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