viernes, 8 de febrero de 2019

ME CELEBRO A MI MISMA


El amor se construye.
Se conjura.
Se vive.

El hilo del amor penetra en nosotros
como el hilo de la vida y
de la muerte.

Yo aprendí vida y nos reconocimos lentamente.

Fue solamente un ruego tembloroso

Y ahora...

¿Cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya

Si estoy en mi soledad copulando deseo entre dos
hilos que unen
mi orgasmo y mi templo?

Es un amor en fuga que se
atreve y se eleva hasta que,
a veces, la muerte lo mantea.

Yo te amo porque
tus ojos hacen que ame
los ríos y las flores.

La hormiga y el viento.

La brizna de hierba.

El canto del pájaro

Y el silencio.

Me hace volar al cielo como
mariposa ebria.

Navegar por los ríos del paraíso hechos de almizcle,
palomas, luceros y
encantos de sueños.

Mis entrañas son nidos de existencia.

Tú me amas, me adoras, me contemplas.

Contigo se me empapa
el alma.

Desnudas el temblor
que corre por mi cuerpo.

Y me sació de orgasmos
versando sobre tu carne
hasta borrar las huellas
del miedo.

Luego, parir gozos.

Abrir sueños que borren
los quebrantos y el duelo.

Busco tu carne y
despertar tu sexo
hasta mis albas encendidas.

Y te conjuro para que
mi éxtasis sea al unísono
con el tuyo.

Que nos hagamos
humo de enebro. De incienso.

Y hechos cenizas
nos neguemos a amores
no verdaderos.

Que florezcan silencios
en los vergeles de mis pechos

Y tú, desnudes mi alma
con tu mirada.

Que tu fuego cultive
gardenias en mis muslos
Y yo te ofrezca salvaje
mi sexo

para que con él colmes
tus delirios.

Pon tu mano en la lujuria
recogiendo su lava.

Yo hoy vuelvo a ser génesis
con aromas de leche.

Amemos prescindiendo
del mañana.

Que el grito de la entrega
nos estalle en la cara.
Y el cuenco de tus manos
contenga las libaciones sagradas.

Y, no me dejes dormir.

Desespérame.

Que me quede encandilada
tras el grito de tus ojos.

¡Qué ese grito sea sagrado!

Que me libre del pecado:

De no haberte besado.
Ni amado tanto.

De no habernos celebrado.

Que arranque de tu corazón
la estrella que yo buscaba
y tú te la habías guardado.

Siempre tendré tus caricias,
tus besos y tú sexo
asidos a mi carne y
a mis recuerdos.

Carmela Linares

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