jueves, 7 de febrero de 2019
AMANECER / ATARDECER / ALMENDROS
AMANECER
Siempre hay destellos
de esa luz del sol
que nos viene a visitar.
Al rasgar sus rayos,
la estela matutina
de rosadas nubes,
deshaciéndose irisadas
en un cielo iluminado
que da paso al nuevo día
con su alegría incontrolada
que lo va inundando todo.
Poco a poco. O de repente.
Corriendo las cortinas
de la vida...
ATARDECER
En el horizonte
un añil crecía
revolcándose,
sobre un aire,
apaciguado y quieto
que deja caer la tarde
con suave pereza
sobre un mar,
infinito y oscuro
que lo teñía todo
con un manto
que las olas alocadas
iban rompiendo
en penachos blancos
que traían olor a mar
y rumores de orillas,
resbalando tenaces
entre piedrecillas,
murmurando...
Y así caía la tarde.
Aquella tarde fría
de un día de febrero
ALMENDROS
Si fueras algo natural
serías un almendro,
floreciendo en enero.
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Había unos almendros,
blancos y rosados
que emitían saludos
a un viento alocado.
Que desprendía sus flores
de sus ramas resecas,
cubiertas de flores,
dispersadas cayendo
sobre el valle pequeño
que terminaba allí.
Sobre un mar azul,
brillante de mañana.
Cinco pétalos al viento,
sobre el valle
y hasta el mar.
Mezcladas con algas,
manchadas de arena.
Flotando en ese mar.
Navegando, navegando,
mar adentro...
Para volver, tal vez
en el próximo enero.
A prenderse una vez más
sobre esas ramas resecas
en los campos de Ibiza,
con su brisa tenue,
dispersando tantas cosas.
Bajo la luna de enero.
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Si fueras un ser real,
serías un almendro,
lanzando flores
rosadas y blancas
sobre el viento
y hacía el mar....
MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ -Barcelona-
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