En el momento en que murió cristo en el santo leño
Conciliando un estigma en el alma con el sempiterno
a las jaculatorias dada es la hora en su discernimiento.
Cuando de la fuerza de las más pulcras impresiones
Con el tiempo dado, al trino y uno en punto de las tres
a Francisco le ofusco la más inesperada de las visiones.
Con la paz del cielo enviado y descendido
un ángel ignoto de raso y blando mirar
desde las divinas estelas su planta le ha venido.
Postrado en la alabeada nube, su santo violín le toca.
Francisco con el trono de la reflexión en la calavera,
hace del cruzado dije en su túnica la búsqueda.
Heraldo del infinito y creador omnisciente en las altas gamas,
desde las divinas prelaturas con el hermano sol cada mañana,
recuerda, para despertar hasta la más humilde de las criaturas,
Sabiendo que su corazón solo a la cruz ama,
en punto de esta hora, la pureza de la trinidad es tanta,
que de la redoma de los querubes su blancura le derrama.
Con la pluma nívea de su blando roce de ala
al hijo de Pietro Bernardone, dio después en su frente.
con la contemplación fija del mensajero celeste,
el disfavor eterno de Dios y el vil hombre atisba.
A Cristo Rey, vencedor y venidero el vio.
Cuando en esta visión, de la iniquidad el fin contempló,
el ángel así para los estigmas al manso vicario preparó.
Cumpliendo el ángel, estas obras santas encomendadas
con el derrumbe en la vertiente de las piadosas lágrimas;
Francisco elevó, al perdón del hombre en sus plegarias.
Con la fragancia celeste de su mies y del azahar
por el ebúrneo umbral del laurel y del anís,
el ángel ignoto, de raso y blando mirar
Abandono al iluminado Francisco de Asís.
Leonardo Hernández -México-
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