Dedicado a Isidro Baldenegro López, indígena tarahumara defensor de los bosques de Chihuahua, México asesinado el pasado 15 de enero de 2017
Tu tiempo es esa hora de la sangre hialina
donde las casas huelen a comida, risas y silencios.
En este tiempo sólo está lo necesario,
lo que es útil, lo que es bueno: hay café sobre la lumbre.
Toma un poco y déjame partir al lugar de los seres de papel,
donde anidan los volcanes que exhalan coyotes.
Allá quise a una flor:
entró en su capullo luz de humareda,
salió flor con alas;
raíces del peldaño de luna
que deshebra la carne de mi sombra.
Este mundo es una cueva oscura,
donde tú también te alimentas de luz:
te he visto con la boca batida,
restos de luz atorada en tus dientes
y cuando me acerco,
un penetrante aroma de luz con saliva
se desprende del ondulatorio brincoteo de tu lengua.
Te alimentas de luz:
dejas los trastes sin lavar,
el mantel y la cocina toda llena de luz.
Luego vas a descansar debajo del árbol
ese que tiene sombra pelona y vientre húmedo de lombriz.
En medio del manantial la flor me mira.
Olisquea en espera de que la tarde sea baja en calorías,
entendí después que aguardaba a que fuera con mi cuerpo
recostado para llegar a acariciar su perfume reptante.
Árbol olvidado que detienes el mundo:
a ti vuelvo en silencio;
ya sin sombra, ya sin piel.
La lumbre desprende su fragancia
a rectángulo y caracola que nos cuida el sueño.
Rodeada por tiempos de muros, debacle humana:
nunca culparemos a mi flor por haber aprendido a volar,
soñar, perderse…
Sólo así podrá encontrarse.
Hugo Ivan Cruz-Rosas
Publicado en el blog inventivasocial
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