LA VIDA DE UNA PIEDRA
Esa piedra gris,
que todos pisan
y nadie observa
que rodó y rodó
por caminos...
Y un buen día
sin saber cómo
llegó al mar,
donde otras,
piedras anodinas
entonaron,
con ella la canción
suave y susurrante
del vaivén...
en días calmados.
Y en tormentosos días,
el fiero ulular
de las rocas golpeadas
sin compasión...
por un viento cruel.
Eterna canción
sinfonía de sonidos
que el viento orquesta,
con las olas y las piedras,
murmullo ascendente,
melodía descendente.
Esa piedra rodada y gris,
me recuerda mi vida,
rodando y rodando,
dando tumbos...
por muchos caminos.
Hasta llegar a ti
!Mar amigo!
para cantar unidos,
la bella canción,
del mar inmenso,
junto a esta orilla,
con otras piedras,
a nuestro lado...
!Fieles amigos,
de itinerario!...
EL MISMO MAR
Siempre el mismo mar,
donde un niño juega
con un cubo y una pala.
Otro niño sin jugar,
ve partir a su padre,
sobre una patera...
Entre los pinos tupidos,
una mancha color azul,
más abajo el mar,
más arriba el cielo.
Y en nuestra alma,
ese Mediterráneo,
tan luminoso y claro
que proporciona paz,
en sus orillas del norte
y sufrimiento en el sur.
El mismo mar siempre,
para distintos hombres,
mar de alegre ocio
y de tristes pateras.
Las mismas olas
compartidas cada día
por humanidades
tan y tan diferentes.
Siempre el mismo mar,
donde un niño juega
con un cubo y una pala.
Otro niño sin jugar,
ve partir a su padre
sobre una patera...
En este mismo mar.
MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ -Barcelona-
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