martes, 7 de enero de 2014

POLVOS QUE TRAE EL VIENTO


Traquetín de panderetas,
tu pollerón de granadas.
Tibiecita de ordalías,
hiciste astillas mi orgullo,
y del tripejo de odios,
¡Porque sí¡
¡Porque por nada¡

Odios que venían de lejos
¡Vive Dios¡
Mi garguero atravesaba
un espino pavoroso
que un cuervo trajo en su pico.
Restos de algún tiburón
desecado por los soles
de una playa abandonada,
donde estrellitas de cuarzo
con gaviotines jugaban.

Arropado entre tus alas,
Harto ya
de fatigas noveleras,
he logrado finalmente,
dar por descansada el alma.
Liberta de pesadillas,
¡las putas¡,
que se agrisaron mi pelo…
Tómalo así:
Que mi pelo, se agrisaron
en noches de vigilia insana.

Hoy, ahora, mira…
Puedo,
con el puñal del deseo.
Vaya que sí; que ahora puedo,
con esta hojilla de miedo,
abrir tus puertas con calma.
Con obstinación haré,
con tus trocitos de nácar,
mi nave de corazón.
Batiré con tus ungüentos
riadas de melancolía
que me alejaron de ti
y de caprichos sabrosos
que pulsaban en tu aliento.

Tu boquitica de brasas,
¡Ay¡
Boquitica de uvas pasa,
insatisfecha de carne…
Por mi culpita.
Oye niña…
Por mi condenada
culpa,
Halcón rojo de tu sangre
¡Ea que sí¡
menesterosa de besos…
cual un halcón embrujado
me ha devorado el alma.

Estribado entre tus senos
de turgencia satinada
¡Ay¡
Carmen del desamparado,
el hontanar de mi esencia…
(Vergüencita…
no te enojes);
almíbar de azúcar blanca,
traspasará el arco augusto
de tu entrepierna encelada.

Pues que archiprobado está:
Lo que nos satisface el alma
hace luz en las querencias.
Y los perros del desvelo
(que de palos le daremos)
se baten…
Ay que sí, pero que sí…
capullito de petunia,
se baten en retirada.

¡Válgame la Virgen Santa¡
Que fue solito soplar
el viento…
el que entre las olas danza.
Un soplidito de nada…
y tus pechos…
flamígera ventisquera
abrió flores dolorosas
marchitaditas de espera…
consumidas de añoranza.

Una rosa,
Una rosita sola,
entre tantas,
cómplice de tus andanzas
se me ofreció querendona
para que en noche sin luna
su perfume le robara.
El que guardas
¡Mi castigo¡
entre almohadones
de seda
donde reposa tu rostro,
feliz,
como alondra y su huevillos
abrigada entre las zarzas.

(Creo que acá viene lo más bueno)

Y aquélla…
mi marea untuosa
que tu sexo más deseaba.
(¡Qué calentura mi reina¡)
te estremeció de tal modo,
que más de un volcán
desease…
Mira tú mi arcángel negro.
Que algún volcancito bravo,
ansiase…
(capricho de vida perra)
echarse al fondo del mundo
con una piedrecilla atada.
Tal la humillación aquélla,
Mi solcito,
beso de media mañana…

( A esta altura del apriete, a la chica y al tipo
les hace falta un matafuegos)

Cópula,
humor de caricias,
desde ha mucho aherrojadas,
¡Chissst¡
a pasionarias de orquídeas
engarzadas de esmeraldas.
Y aún así,
si tú lo quieres mi diabla…,
a manuelitas de záfiro
y escamas de luna clara.

Volantero peregrino,
sátiro de cola larga,
te soñaba,
¡sí que sí¡
Vaya, que si te soñaba
Aguardando por el rancio
y rudo canto
del marinerillo pobre…
pobre de toda pobreza
pensando siempre en su amada.
Cociendo sus cebollines
Con alcaparras
y el vino. Pues sí…
aquel blanquitillo turbio
y seco. Como su alma.
¡Qué por qué no,
ya qué sí¡
con rosquillas de manzana

(¿Crees tú, sabio lector, que “una mina”
lo iba a esperar con “rosquillas” a este putañero?)

Tu corpiñito me ahoga
Tu trusa… las gasta caras.
Tu lengua…
Tu San Francisco,
…y tus pelos
Ya, ya, ya… de tus pelillos:
Los de “ahí”…

(El ordinario éste le señala el pubis ensalivado)

El mejor de los manjares.
Ummmh…
Delicia…o acto delictivo
que habrá de perpetuar el tiempo.
¿Qué digo?
Que ha de ganarle al tiempo
Mamita…
Que al tiempo ha de meterle
mirra. Y de la tuna… ni espinas,
como dicen las charadas.

Por tu pelvis torturada
cual manantial desbordado.
(-¿Qué mi santo?)…
corren bastoncillos blancos
y florecillas de almendros.
(-Si así lo quieres llamar, sea)
Mi lamento empotrerado,
tus gemiditos de gracia
incineran tus pezones;
(-¡Hay¡ Mira lo que dices…)
y tus nalgas de ciruelo
que saben a brote tierno
(-Bobito…)
madurados en la hondura
abrazadora de un fuego
Se queman en mis olvidos
censurándome los sueños.

(Qué “afrecho” tenía estos dos ¿no?)

Tu marido… el celosón;
pronto habrá de preguntarse:
“¿Dónde estarías?”
“¿Qué viento inquietaría tus velas?
Vaya desgracia la nuestra
¡Le metería tres tiros¡
Cabrón de la Santa Gracia.
Amarnos…bañados de hierba
Y siempre montando guardia…

LUIS ALBERTO GONTADE ORSINI

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