martes, 7 de enero de 2014
LA LUNA HUYÓ A UNA CUEVA
Los escupitajos de lluvia
obligaron a las luciérnagas.
Olía a sudor de escondrijo.
La luna huyó a una cueva.
El viento llamaba a la puerta
de la cueva que olía a escondrijo.
Las nubes gruñían con ojos como lápices,
la luna era sabia.
Sus ropajes eran de papel charol.
Las garras emigraban derrotadas.
La luna ocupaba el cuenco,
la existencia era el fondo.
La lluvia, la luna, no pensar,
ser el mecenas de los sueños.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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