martes, 21 de enero de 2014

HÚMEDO INMÓVIL OCULTO


I

Húmedo inmóvil oculto​
así se halla el amante felón de rizos perpetrados​
tras el declive irrefutable del día,​
el que lastima sus relucientes pezones caoba​
y lo acosa transformado en péndulo de sombrillas vacías​
en concurrencia ligera de actos y olores sobornables​
para que cada hora del crepúsculo​
desguace el movimiento de sus miembros tantálicos​
de modo que el hastío es ya la víspera​
la alucinación del vientre arado.​
Y pobre muchacho​
no sabe nada del deseo​
el polvo voraz​
el nudo cotidiano que lo asfixia​
y grazna como un pájaro filoso​
hundido en la profundidad de su sangre​
donde las ofensas respiran​
quizás aturden.

​II

En el plexo de estos ojos​
la arena del declive arde y se funde​
como una máscara impenetrable al deseo​
retiro clandestino de la sangre​
nutriéndose de lenguas imposibles​
para expulsar luego​
los puñales los sedosos lazos​
que este cuerpo teje para sí​
para nadie más​
porque sus valvas de molusco inconcluso​
sus aterradas nervaduras​
saben por el grito animal de esta noche​
que la vida muerde​
desde la primera y única oscuridad.

III

Desde el velo sórdido del uso​
se produce el desarme amarillo​
la degustación lenta de los espacios​
el sentido antiguo de una dinastía inevitable.​
Por detrás de los espejos​
se traduce esta insoportable mezquindad​
este presente de palabras mancilladas​
y fiestas de paridades paganas.​
Que alguien responda,​
heredamos los ojos fragmentados​
las dentaduras ausentes​
el pánico al vacío​
la muerte atormentada por su infinita soledad.​
Que alguien responda.

Conrado Yasenza
Publicado en la revista Molino Rojo y Fernet

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