Murmuran a sus espaldas
que ya va teniendo una edad
de ir paseando a los nietos
y de ver la vida pasar.
Ella frunce el entrecejo
y se hace la ofendida,
su cuerpo ya estará viejo
pero disfruta la vida.
El amor llamó a su puerta
y ella lo dejó pasar
y no lo pudo evitar
pues su puerta estaba abierta.
Como flor en primavera
la vida no tiene espera
y ya no le quedan años
para llenarla de engaños.
Sentada frente al espejo
coqueta peina sus canas
y le devuelve el reflejo
de seguir viva, las ganas.
¡Y qué! Si se ha enamorado,
el amor no tiene edad
y en honor a la verdad
ahora es más apasionado.
Que tiene joven el alma
y los sentidos se le agitan,
y lejos de sentir calma
sus ansias a amar la invitan.
Su dedo luce un anillo
que aunque ya no tenga el brillo
de cuando estrenó sus nupcias
es por ello que renuncia,
y sin dudarlo siquiera
a lo que el amor le ofrece,
temiendo si desfallece
o encontrará la manera.
Vivirá su amor callada
asomada a la ventana,
quizás hoy un “buenos días”
tal vez nada hasta mañana.
Aun muriéndose de ganas
no hará nada por cambiarlo.
Es una mujer casada
y eso no ha de olvidarlo.
Otro tren que se le escapa
sólo observó de pasada.
Podrá construir un mapa
de estaciones sin parada.
Sagrario Maqueira
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