Te conocí muy poco
y me dejaste huella,
docta en poesía
igual que un ruiseñor, tu voz.
Fue nuestro último encuentro.
Al marchaste pusiste
tu mano en mi hombro,
dándome la fuerza
para no abandonar.
¡Nos dejaste!
Junto con los nardos, te lloro.
Tita Reyes. España
Publicado en la revista Oriflama 18
No hay comentarios:
Publicar un comentario