miércoles, 17 de abril de 2019

LOS HOMBRES INVISIBLES


Los hombres invisibles no gritan ni se estremecen, se rinden al destino, pasean por las calles sin nombre y nunca miran al cielo. Marcus Still llevaba dieciséis años muriendo en  vida. Formaba parte de un paisaje inalterable que solo se animaba al atardecer de sus días. Su pequeño mundo se alimentaba de un orden extremado, radicalmente patológico, medido en el tiempo y en el espacio. Incluso su vocabulario se asociaba, invariable, a los escasos episodios de existencia y se reducía preciso y con rigor a lo cotidiano. Todo, hasta los gestos, resultaba reiterativo y predecible. Lo opuesto era entrar en la locura, en la ansiedad y la violencia. Con ocasión de un viaje por mar, junto a su familia, el barco sufrió un accidente y se hundió. Marcus fue el único superviviente. Naufragó en una desconocida isla cuyos habitantes, al ver su aspecto extraño y distante, lo confundieron con un dios y empezaron a adorarlo. Así nacieron los hombres invisibles.

Isidoro Irroca

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