Mírame sin pestañear, siente
mi respiración abrazando
el borde de tu cuello, inhala
el perfume de mi silencio,
huele a suelo mojado después
de lluvia de romance, aroma
fértil reverdeciendo las caricias,
rocío matutino cayendo en tus
hombros irrigándote de ternura,
camina extendiendo tus manos
sintiendo las mías, rodéame con
lazos y quedemos atrapados
en un nudo de besos interminables.
Tócame el alma con un te amo
nacido de la tuya, incendia mi
mundo con la chispa de tus
murmullos, recuéstate en mi
pecho y deja que mis manos
sean lluvia en tus caderas,
llovizna en tu espalda y brisa
en tu vientre, seamos vientos
provocando remolino de pasiones,
pierde las razones mientras
descendemos al profundo cielo,
no detengas la espada de tu
lengua, córtame el aliento
y hiere la paciencia, que hoy
hierve la sangre por tenernos.
Ámame con la frente resbalando
sin oponerme, solo tú sabes
llegar donde palpita la voz,
queman los segundos
y desesperan los minutos,
hazme devoto de tus versos
de fuego, déjalos grabados
en la memoria que no expira,
sean eco indeleble tatuado
en mis pensamientos, hoy
solo te pido lo que quiero dar,
petición de consumirnos
sin piedad con dedos sensibles,
corazón determinado con
tiempo indefinido, hagamos
de los suspiros tranquilos gritos
intranquilos, exigimos sentirnos,
aquí estamos deseándonos,
imploramos tocarnos, aquí
estamos perteneciéndonos,
pedimos encontrarnos,
aquí estamos amándonos.
Luis Emilio Tigüilá Robles -Guatemala-
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