Cada día...
sobre la misma pared,
el sol resbala,
al atardecer.
Lo veo
desde hace años.
Esa luz ambarina,
escurridiza, fugitiva,
relamiendo las casas,
reflejada en ventanales,
dorando el cielo.
¡No cambia nada!.
¡Bueno sí!.
Algo va cambiando
en mi interior.
Despido esa luz
con melancolía.
Sé y percibo
que algún día,
no la volveré a ver.
Y eso hace en mí
que la aprecie más.
Pues, algún atardecer,
será el último para mí.
Y una mezcla inexplicable
de triste alegría
o de alegre tristeza,
esponja mi alma,
resbalando por ella,
como si fuera la luz
de cualquier atardecer.
Esa sensación...
me hace suspirar
y ser feliz...
Sentir una dicha,
inexplicable y fuerte.
Haciéndome,
una vez más,
formar parte
de esa luz,
de esos rayos.
Últimos y dulces,
destellos del día,
al contemplar,
esa bella luminosidad.
¡Y hoy lo estoy haciendo!
Como cada día...
sobre la misma pared,
el sol resbala...
al atardecer.
MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ -Barcelona-
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