viernes, 7 de diciembre de 2018

NOCHE DE LUCES


Sus vidas se apagaron, sus almas abandonaron sus cuerpos y esos cuerpos en cenizas se convirtieron. Sus palabras ya no se escuchan, sus abrazos y besos concluyeron, sus sonrisas y llantos también murieron. Esa hermosa y entregada madre, ese desapercibido padre, el niño injustamente llamado a destiempo, el joven al que interrumpieron sus sueños, los buenos familiares y por qué no, los malos entre ellos. Todos se fueron, un poco antes que los que ahora estamos, y que mañana los seguiremos por el camino de la incertidumbre de los cielos, con las esperanzas de encuentros con ángeles y dioses y de paraísos eternos.
Pero hoy revivimos a quienes ya se fueron. Hoy tendremos por cada uno de ellos una vela encendida con una llama que para nosotros será la de un alma que regresa para acompañarnos de nuevo, con una luz que veremos como el faro que nos recuerda la ubicación, presencia y permanencia de nuestros recuerdos. Hoy tendremos un altar de luces que se reúnen para reiterar nuestro compromiso con los amores eternos. Padres, hijos, abuelos, y tantos buenos espíritus que nos antecedieron. Una vela encendida es uno de ellos, contemplémosla y brindemos por ella, brindemos con ella, con un buen vino, con un agradecimiento y con un deseo.

Jorge Alberto Velásquez Peláez

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