Me queda un poco, en este casi nadie,
de alguien. Todavía soy alguno.
Mañana de mi ayer seré ninguno.
Por eso dejo que este hoy me irradie
su eternidad de pozo, su recurso
no renovable a tanta sed baldía.
Por eso doy abrazos a este día
y pongo el corazón en el discurso.
Me queda el cruel conteo gota a gota
en que humedezco inútil la confianza.
Me queda -¡cierto!- la enchumbada esponja
de la memoria: luz que brota y brota;
por eso no he perdido la esperanza
¡Me queda limonada de toronja!
Jorge García de la Fe
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