No sé qué hora es, pero el cuerpo me pide levantarme.
Al instante percibo que me siento ágil, ligero y vital como nunca estuve, siento que me ocurre algo extraordinario, han desaparecido las pequeñas molestias que me acompañan cada mañana.
Estoy sentado en la cama y me dispongo a calzarme las zapatillas que tengo junto a la cama, pero incomprensiblemente las dichosas pantuflas permanecen en su sitio, a pesar de los desesperados intentos de mis pies por calzarlas.
Estoy en ésas, cuando giro el cuerpo hacia la cama. Lo que ven mis ojos me hiela la sangre: allí tendido en la cama que acabo de dejar ¡¡¡ESTOY YO!!! al parecer durmiendo plácidamente. Completamente horrorizado, trato de averiguar qué está pasando, lo primero que se me ocurre es salir de esa condenada habitación como alma que lleva el diablo.
Sin pérdida de tiempo me dispongo a accionar el picaporte de la puerta, nada no hay manera, es como si dicho artefacto no existiera, como si fuera solo una visión, desesperado insisto en abrir la dichosa puerta.
Esta acción me hace comprender lo que mi fuero interno se niega a admitir, que no es otra cosa que he pasado a mejor vida, o mejor dicho que la he palmado. Ya que en mi
desesperado intento de abrir la condenada puerta, compruebo que mi mano la atraviesa limpiamente.
Intento serenarme y salgo fuera de la vivienda, lógicamente la puerta que da al exterior está cerrada, pero como ya he cogido cierta práctica me limito a pasar a través de ella.
Es muy de mañana, debería tener frío dada la fecha que estamos. La gente pasa a mi lado incluso a través de mí, nada, no soy absolutamente nada, no siento frío, ni calor, dolor o placer, mientras, dentro de mí se va operando un creciente desasosiego.
Qué diablos hago ahora, me pregunto, que puedo hacer sin mi cuerpo. mucho hablar del alma, pero que me puede ofrecer esta nueva existencia, todos los placeres de mi vida carnal me están vedados, bien es cierto que estoy a salvo todo lo malo que mi anterior vida me podía aportar, pero de ninguna de las maneras pienso vagar eternamente solo, y a cuestas con esta nueva realidad anodina y estúpida.
Pero que puedo hacer ¿suicidarme? Joder no puedo, ya que mi alma es inmortal.
Esto se mire por donde se mire es una gran putada, y desde luego que nada me gustaría más que echarme a la cara al responsable de esta jugarreta.
Sin saber que hacer se le ocurre una idea de lo más absurda: Intentar alojarse dentro de su cuerpo, por ver si puede hacer algo por él.
En un santiamén atravesando la pared exterior de su vivienda se haya nuevamente ante su cuerpo inerte.
Meterse dentro de su cuerpo no le supone mayor problema, comprueba que lo que tanto tiempo fue el cobijo de su alma, desgraciadamente nunca más volverá a a la vida, pues tiene el corazón destrozado.
Desde luego está claro que sufrió un virulento infarto mientras dormía.
No supo el tiempo que pasó junto al cadáver, su contemplación no pudo por menos que embargarle una profunda ternura.
Siempre hemos dicho que ésta es de las muertes más agradables, puesto que se va uno al otro barrio sin enterarse. Así sería – constato – si no fuese por lo que nos espera después.
Como un león enjaulado doy vueltas por la habitación, mientras envidio a mi cuerpo que vivió una buena vida, y ahora el muy truhán descansa dejándome para que yo solito me coma este marrón.
No supo el tiempo que pasó junto a aquel cadáver que en su día fue el envoltorio de su alma, cuando reparó que estaban forzando la puerta de entrada a la vivienda. entonces se dio cuenta que yo, o sea el difunto, se había deteriorado de manera considerable, hasta el punto que los recién llegados, en los que había dos agentes, con gestos de repugnancia se tapaban la boca con un pañuelo.
Al parecer los vecinos alertados por el edor que salía de la vivienda decidieron dar aviso a la autoridad, ya que esta persona no se le conocía amigos o familiares a quien poder avisar.
Allí me quede solo en la habitación mientras una sensación de desamparo como no había sentido nunca me oprimió hasta asfixiarme, Claro que lo de asfixiarme es un decir, ya que en mi nuevo estado era bastante improbable.
Al instante una voz que salía de mi interior me habló: no te desesperes ni busque una solución a lo que te acontece, pues ésta vendrá sin tú buscarla, pero antes tienes que pagar lo que en vida no aportaste.
En tu vida carnal, cierto es que no fuiste bueno ni tampoco malo, pero ignoraste todos los problemas y sufrimientos que sucedían a tu alrededor, viviste en el rencor hacia la sociedad que te rodeaba culpándola de todos tus fracasos. Tu existencia siempre fue de la mano de la soledad, la cual creo en ti una profunda amargura que transmitías a todos los que ocasionalmente tuvieron alguna relación contigo.
Así que mi desgraciado amigo, libre ya de la pesada carga que supuso para ti ese cuerpo que acaban de llevarse, estoy seguro que después de un periodo de tiempo no demasiado largo, encontrarás esa puerta que te llevará a esa paz y armonía que en tu anterior vida no supiste hallar.
Antonio Parrado -Barcelona-
No hay comentarios:
Publicar un comentario