lunes, 9 de julio de 2018

LA LETRADA


Practicaba la abogacía
desde la primera hora del día,
defendiendo a diversos clientes,
que eran gente corriente.

Un día se enfrentó a un letrado
del cual se había enamorado,
que le dejó huella en su memoria
y la llevaría con ella,
el resto de su historia.

Se dijo “Te tengo que humillar”
“a tu cliente destrozar”
pero pensó que el rencor no es buen aliado
y menos para un letrado.

Como ella quiso, le venció
y, él, al ver sus artimañas
renunció
viendo que no tenía salida
que le había ganado la partida.

Ahora vive en soledad
pero busca amistad,
nada que sea formal
sino que salga
de forma natural.

Cada vez que se pone la toga
a su señoría, aboga
dando los pormenores
de porque su cliente
está en tiempos peores.

Cuando finaliza la jornada
no le importa nada,
solo llegar a su hogar
y su comida preparar.

JAUME ALEGRE LASTERRA -Barcelona-

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