Anduvo a rabiar por el monte
detrás de una loba parida,
con perros que siguen el rastro,
con ojos de acecho y vigilia.
Siguió los regueros del agua,
las cuestas abajo y arriba;
llevaba polainas de cuero
y postas de plomo y mochila.
Pegó con manadas de corzos
y dio con la zorra, que huía;
con tejos, con gatos monteses
y hurones que acaso no había.
De aquello que andaba buscando,
de aquello, ni loba ni cría.
De pronto, mirando a la luna,
se vio con la barba crecida.
Del libro Tierra conmovida de
Mariano Estrada
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