jueves, 8 de febrero de 2018

EL DESPIDO DE MI PAPÁ


Como el olvido es malo y yo hay cosas que me es imposible
olvidar, pues me harían mal, pues no olvido para no
sentirme mal... -no puedo ni quiero olvidar-
han pasado muchos años de aquel primer despido.

Aún recuerdo con nitidez aquella mañana de rocío
que aunque era abril, rodaron por tus mejillas
dos gruesas y redondas lágrimas como dos perlas de rocío.

A solas he pensado muchas veces en aquel duro momento,
pues para mí, significaba abrir mis alas y volar...
salirme del encasillado nido y estrenar la libertad,
saborear mucho de lo prohibido...

-Para ti querido padre- era otra cosa, tú aunque
no mucho... pero algo habías conocido, -casi todo malo-
así que para ti era algo parecido a perder un hijo...
Después se convirtió más o menos en una costumbre.

Más o menos dura... pues son tantas las veces
que nos habremos despedido... pero siempre con la promesa
de volver a reencontrarnos... menos la última...

Esta en la que tú no participaste... pues ya para siempre
te habías ido... esta vez las lágrimas gordas como bolas de rocío;
sólo rodaron por mis mejillas...

Y eran de sal amarga... que quemaron al resbalar
toda mi cara y me dejaron un hoyo tan profundo en mi alma...
que jamás se llegará a tapar...

RAFAEL CHACÓN MARTEL

No hay comentarios:

Publicar un comentario