Fuiste una tempestad, como un implacable huracán.
Así fue tu llegada a mi vida.
Tempestad que revolcó todos mis sentidos.
Huracán que sin piedad se llevó todo en mi corazón.
Como un huracán catastrófico que arrancó mi alma.
Fuertes vientos que atraparon mi alma en tus brazos.
Brazos que con fuerte brisa, acariciaba mi piel.
Fueron tus caricias estruendos que sentí dentro de mí.
Me advirtieron sobre ti, sabías que venías,
pero subestimé tu fuerza seductora.
Tu belleza, tu figura, tu cuerpo es un huracán.
Huracán que destruye, todos los sentidos de quien te vea.
Me advirtieron de tus besos, de tus labios.
Que con un solo beso tuyo, sería como un rayo.
Rayo que tus besos harían electrificar todo mi cuerpo.
Me dijeron que tus besos serían mi destrucción total.
Fui advertido, no cabe duda, pero decidí arriesgarme.
Quise bajo tus fuertes lluvia de caricias,
bajo la inundación de tus besos,
del estruendo del toque de tus manos en mi piel.
Arriesgarme bajo tu tempestad de tu pasión y deseo.
Como un huracán así fue, tu llegada a mi vida.
Fuiste torbellino que atrapó mi corazón.
Corazón que atrapaste entre tus vientos de tus caricias.
Atrapado entre tus truenos y rayos de tu amor, qué me enamoraron.
Tras la noche huracanada, cuándo me hiciste el Amor.
Edwin Ayala Sánchez
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