Cada noche cargo y empujo
vagones de pensamientos–
rosas congeladas.
Eco de palabras resuena en mis oídos.
Yo– tan lejos del Perina,
Tú –tan cerca del Perina.
Nuestras siluetas encorvadas
se pierden en el espacio.
Intercambiamos palabras,
en tres minutos
y escondemos el dolor,
detrás de las sonrisas y lágrimas
Nuestra alma es una puerta crugiente
de tantas pena la distancia
que nos separan
Del libro La Risa de Golondrina me despierta de
Dobrina Niklolova Ortega
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