Quiero decir no hay tiempo que nos sobre,
las horas son pequeños espejos de las cosas
y no hay tacto que pueda sostener
la luz más poderosa, su exacta empuñadura.
Quedan los relojes en sus engranajes,
pobres máquinas de rastrear fantasmas.
Quiero decir cajas de ilusión
donde el hombre pretende las cronologías
los antes y después, los más temprano.
Enorme colección de laberintos,
inútiles retazos de porción de hueco.
Administrador imbécil de los segunderos,
urgencias sin porqué a toda prisa.
Quiero decir no hay tiempo que nos sobre.
Cada ser cada no ser y cada cosa
va y viene con porción ya distribuida.
¡Que los apropiadores roben minuteros!
¡Que salten a matar, a deshorar prójimos
para tejer su propia red de tempoductos!
Que abran cuentas de péndulos y cuerdas
y se tiroteen los unos a los otros
hasta agotar la complejidad de los cronómetros,
su circular rigurosidad de infinito.
Quiero decir no hay tiempo que nos sobre.
Del libro Parte de guerra y otras anotaciones de
Gabriel Impaglione -Italia/Argentina-
Publicado en La Biblioteca
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