Ernesto no respira
Apenas esboza una mirada
de arroyo
en el ritmo desesperado de sus
bronquíolos,
profundamente rebeldes
y mágicamente equivocados.
Para esos ríos en plena quebrada
del territorio de sus pulmones
lo vieron recoger gotas del aire
en hojas del Chapare,
aquella tarde.
Lo vieron alimentar a un niño
con pétalos de pasionaria
y arrojarse a la muerte,
una y mil veces
abrazado a la higuera
del precipicio de
nuestra Latinoamérica
Regresó...
del sudor de la frente y el hedor a bagazo
Regresó sin saberlo
del agua con que lavaron su sangre
para que nadie la viera.
¿ Quién querría hermano, morir en una escuela,
con cada izamiento, todos los días ?
¿Acompañarse a la tumba,
por un agente de la C.I.A.?
Señor que duermes:
Contra toda naturaleza,
queremos despertarlo.
Contra la década del silencio
queremos respirarlo.
Tan solo unos cuantos combatientes,
atrapados en la selva,
para devolvernos su rostro
para poder siquiera nombrarlo
(queremos despedirnos)
porque nadie ha logrado
inscribirnos la leyenda:
Ernesto no respira
Lucrecia Cossio (Argentina)
Publicado en Los puños de las paloma
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