viernes, 18 de noviembre de 2016

MALEZA


En mi nomadismo,
algunas veces hedonista,
otras tantas, estoico
se acumuló
maleza en mi pecho.
En la aridez de mi alma
la maleza devino
en hojas secas, filosas
que atravesaban mi corazón,
herido, me negaba a sucumbir.
Tus ojos, cristales
y tu corazón, el sol
han consumido la maleza,
mi pecho arde, el fuego
forja algo nuevo en mí:
Brilla una piedra preciosa
allí donde otrora hubo
un sangrante y maltrecho músculo,
del dolor infinito
surge una extraña redención.

Edilberto González Trejos -Panamá-
Publicado en La Biblioteca


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