Olvidé el tiempo en el que cual gárrulo y rancio macho alfa dedicaba el giro de mis pestañas a toda mujer posible.
No podía dejar de demostrar la impaciencia y la importancia de ser hombre, varón, mortal, oficial, caballero, truhán y señor e incluso a veces, algo bohemio y soñador y es que yo era puro deseo, un animal erótico una bestia carnal y apasionada que solo vivía para ser el centro neurálgico de toda hembra terrenal.
Pasó mi tiempo, el que creí cierto y que fue ejemplo de ridículo, tiempo de burla y disfrute de las damas avarientas que sabían.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
No hay comentarios:
Publicar un comentario