No murieron los dioses, acogidos
al Panteón, disfrutan su reposo.
El ‘oculus’, espía luminoso,
vigila el cielo del que son venidos.
Y en reverso, los cielos, ya perdidos,
atisban desde lo alto, sin acoso,
el magnífico círculo espacioso
que acoge el sueño de los elegidos.
Los otros panteones representan
la vieja idea; aquellos que se ausentan
hacia un mundo mejor, allí se instalan.
Monumento a la paz del peregrino
que, alcanzado el final de su camino,
llega a un mundo en que a todos los igualan.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -Los Ángeles-
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