Frío, impávido,
me senté frente a mi propia historia;
no había nada que rescatar
excepto lo que ya había puesto a salvo.
Mi dignidad y mi orgullo crearon una
máquina de succionar el dolor
que dio resultado.
Me he convertido en el traidor
de mi propio bando
trabajando a sueldo para el enemigo,
redactando documentos falsos
que parezcan correctos a sus ojos,
dejando de emitir mensajes estratégicos
y sepultando toda expectativa de éxito.
Les hice creer magistralmente
que la guerra estaba ganada.
Del libro En pie de tregua de
DANIEL GRANADO PULIDO -Cádiz-
No hay comentarios:
Publicar un comentario