viernes, 2 de noviembre de 2012

FIN DE LA ENSOÑACIÓN


Con lágrimas en los ojos regalé a cada mujer con la que me tropecé el último poema que te escribí.

Cual fue el error preguntaban mis entrañas cada vez que dejaba esos trozos de mí a la intemperie.

El esqueleto a flor de piel,
el miedo revoloteando por las calles, eso era.

Yo, que sabía que todo fue una ensoñación,
y la tortura un sacrifico.

Nadie imaginaba que esos rastros de sangre eran nuestros,
que pudimos ser la historia de amor más bella del mundo.

Grité en el desierto que los recuerdos no son arena,
que el futuro sería nuestro.

GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-

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