sábado, 11 de abril de 2020
LA DESPEDIDA
Un toque a la puerta sacó a Josefina y Mariano de la siesta vespertina. Era el detective Ramírez de la policía de Miami.
-¿Qué se le ofrece?-preguntó Don Mariano.
Seguidamente el detective le mostró fotografías de un carro Mercedes Benz blanco.
- ¿Lo reconoce?
-Sí. Es de mi hijo.
-¿Saben ustedes si él ha prestado el vehículo o alguna otra cosa?
- No. El Salió esta mañana en él.
-Bien, lo que tengo que decirles es que la persona que estaba en el vehículo está muerta.
-¡No, mi hijo no!- exclamó Josefina. Mariano guardaba silencio a pesar de la conmoción.
-El cadáver está en la morgue del Hospital Central, si quieren reconocerlo.
Josefina y Mariano se apersonaron a la morgue para identificar el cadáver. Por las condiciones en que quedó los peritos no recomendaron que lo vieran. Josefina insistió en verlo, y lo vio.
-Sí, es mi hijo.
Después de los trámites burocráticos los padres se llevaron el cadáver a la República Dominicana para darle cristiana sepultura.
Y el 21 de enero, día de Nuestra Señora de la Altagracia, patrona del pueblo dominicano, a las cuatro de la tarde depositaron el féretro en su última morada. Mariano tomó un puñado de tierra y lo lanzó al sarcófago, cayendo de bruces en la fosa.
LEONARDO SURIEL -REP. DOMINICANA/USA-
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