sábado, 11 de abril de 2020

EL VIEJITO ENAMORADO


Un viejito fue a la casa parroquial del pueblo donde vivía para hablar con el cura y pedirle que lo casara.

¿Puedo saber quién es su novia y qué edad tiene? – le preguntó el párroco.

-- Es la hija de mi vecino. Tiene veinticuatro años.

-- ¿Está seguro que quiere casarse?

-- Sí, señor cura. Estoy locamente enamorado.

-- Piénselo bien, hermano. Usted ya no está para andar en esos trotes.

-- No se equivoque, señor cura. Yo, yo yo…

Tras un largo tira y afloja, el párroco se negó a casarlo. El porfiado viejito salió de la casa curial desilusionado, echando sapos y culebras, con el alma rota y maldiciendo al cura. El viejito era una persona muy perseverante. Regresó la semana siguiente y otras más para tratar de convencer al sacerdote de que lo casara. Cada vez que el párroco lo veía llegar, se escondía en uno de los cuartos y enllavaba la puerta. El viejito lo tenía traumatizado. Un buen día, para apartarlo de su camino, el cura resolvió casarlo y le pidió que llevara a la novia.

Transcurrido un año, el viejito llegó a la casa curial con un bebé en brazos para mostrárselo al clérigo, diciéndole: “Señor cura, ¿se acuerda que usted no quería casarme? Mire este hermoso bebé, sano, fuerte, rosado”.

-- Escúcheme, hermano - respondió el cura. Le voy a contar algo que sucedió en una de las aldeas vecinas, hace algún tiempo. Resulta que ahí vivía un cazador que era muy distraído. Un día salió de cacería y en vez de llevar su escopeta llevó un paraguas. Tan pronto como se internó en el bosque, detrás de unas matas salió un enorme león. El cazador le apuntó con el paraguas, se escuchó un disparo y el león cayó muerto.

- Hum ─ dijo el viejito – ese fue otro cazador que posiblemente estaba oculto por allí cerca.

- Precisamente, hermano, precisamente – dijo el cura.

CESAR MENA -CUBA-

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