miércoles, 15 de abril de 2020

CALABOZO


Unas letras impresas me dieron el alto.
No opuse resistencia. Me dejé detener.
Tirando de mí me llevaron a un calabozo
con cientos de estanterías totalmente vacías.

Allí me encerraron y me alimentaron
con volúmenes formadores y variados
que fueron poco a poco transformado
mi naciente pensamiento y personalidad.

Cada página azotaba mis neuronas
dejando en ellas cicatrices imborrables
que me ayudaron a caminar
entre un mundo fantástico y real.

Eran heridas indoloras
que nunca provocaban llanto
sino un placer inmenso
de repetir el tormento.

JOSÉ LUIS RUBIO

No hay comentarios:

Publicar un comentario