jueves, 18 de abril de 2019
UN SINNOMBRE
Durante muchos periodos estuve a sueldo de la noche que me explotaba y esclavizaba. Incluso dilapidé posibles futuros que no fueron por quererte, que eso nunca te lo supe hacer. Si las ratas pueden pensar que los murciélagos son ángeles, mi fe ciega fue siempre no amar como aman los maridos.
Durante la trashumancia por las madrugadas ariscas y enmarañadas donde lo sedentario era una quimera y el paisaje un camposanto de misceláneas, fui aprendiendo que lo escaso que sé y el piélago que ignoro jamás me servirán para hacerme un hombre de provecho ni enriquecerme juntando una hacienda primorosa ni para ganarme los favores de esa puta de natura que es la vida, porque todo me ha ido haciendo lo que ahora soy es lo que pretendía no ser.
Pero el parir mis ideas de zurdas creencias, el mamar de la teta de atrás de la normalidad y el rifar mi soledad y descreimiento quedándome con todas las papeletas, fue lo que me ha convertido en uno más de la caterva de los innombrables y me ha llevado a bautizarme en las aguas de algún correntón de barranquillo de tercera regional para ser llamado como lo que siempre he sido sin ser el único y sin pretender ser otra cosa:
Un SINNOMBRE…
FRANCISCO TOMÁS BARRIENTO EUSEBIO -Campofrío-
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