Igual que me persiguen mis pecados
mis propios errores, me están pasando
la factura que tanto espero,
yo lo hice y así me temo
que recibiré aquello que me he buscado
y que ahora, es lo único que tengo.
Me lamento por todo el daño
aunque aún lo sigo intentando,
no tengo perdón, tampoco lo quiero,
ni quería expresarlo en versos
porque no soy ese poeta enamorado
ni perviviré en un romancero.
Serán las sombras de mis actos
en mi funeral y en mi legado
las lágrimas que acudan a mi entierro,
la única herencia de mis besos...
no dejaré ningún rastro,
siquiera quiero...
... que me recuerde el tiempo.
Moriré solo, abandonado en el lecho
cubierto de oscuros pensamientos...
o reflexionando sin ningún sentido,
moriré como he vivido,
sé que nadie me echará de menos
pero al menos creo...
... que valió la pena haberte conocido.
Luis Maria Saiz Laso
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