En medio de la noche, recostados en esa hierba observamos nuestro mundo de estrellas incontables como la grandeza de nuestro amor, firme y recíproco, tan inmenso como el firmamento de ilusiones en este hermoso sentimiento llamado Amor de vida, conjugado como el brillo de cada lucero.
Señalamos cada estrella con ese cariño y deseo conformado por ese núcleo de amor, emanado de ese corazón que a veces es loco y desenfrenado que conlleva a un paraíso de fantasías donde se alinea y se crea un eclipse envuelto en pasiones en un todo perfecto.
La noche es tan bella y cómplice que se reflejan nuestros rostros en medio de las estrellas, donde nuestro respirar es una suave brisa encadenada rodeando nuestra piel deseosa de ese perfume que quedará impregnado dejando huellas imborrables en nuestra piel.
Noche de luceros en un techo infinito tan majestuoso como tu presencia, brillante como tus ojos, dulce y suave como tu piel, tu perfume es mi perfume, tu esencia es mi esencia, nuestro corazón palpita como uno solo, en nuestro mundo de estrellas.
Cada estrella es un lucero que alumbra nuestras vidas en medio de nuestro mundo de estrellas...
CARLOS V. ORTIZ
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