sábado, 20 de abril de 2019

LA SEMANA SANTA


«La Semana Santa del año anterior fue diferente: llegó un autocar de Getafe con cuarenta oficiales del Ejército del Aire para ver las procesiones malagueñas.
Siguiendo órdenes del Gobierno, el director había invitado a los pilotos a usar la escuela como residencia de estudiantes, ocupando los dormitorios de mis compañeros.

Uno de ellos era novillero y había llegado a torear en la plaza de toros de Córdoba. Se llamaba Luís Rodríguez y era natural de Salamanca. Cada noche, cuando terminaban de pasar las procesiones por la calle Larios, tomábamos chocolate con churros todos juntos en una cafetería situada enfrente del Málaga Cinema.
Luís me parecía un hombre muy triste, siempre estaba como ausente. Un día le pregunté si le ocurría algo y me dijo que tenía un amigo maletilla, con quien había compartido noches de luna toreando clandestinamente en la dehesa, que se había enamorado de la hija del dueño del cortijo donde él trabajaba. Y hubo problemas. Tantos, que se marchó del pueblo y ahora nadie sabía dónde estaba. En los días siguientes Luis, confiado, me narraba historias curiosas de su vida como maletilla.
Yo intuía que el maletilla enamorado era él, quien, ante la imposibilidad de casarse con la hija de un adinerado ganadero, se había marchado del pueblo para ingresar como voluntario en la Aviación Nacional.
Terminada la Semana Santa, los aviadores retornaron a Getafe.
Dos semanas más tarde recibí una carta de Luis con una foto dedicada, donde se le ve toreando un novillo en la plaza de toros de Córdoba, y yo presumía ante mis profesores y compañeros de tener un amigo torero.»

JUAN PAN GARCÍA -Puerto de Santa María-

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