Hoy sé, Jesús, que no me escuchas.
Has inclinado tu cabeza.
Has cerrado los ojos porque se apoderó de ti la muerte.
Tu corazón no soportó tanto dolor.
Se apagó su latir.
No fue buena tu muerte.
Fue dolorosa, muy dolorosa.
A tus pies tu madre lloró con amargura.
Sus lágrimas bellas perlas que iluminaron las sombras.
¿Por qué Jesús tanta crueldad?
¿Por qué escondemos el amor?
¿Por qué no nos sentimos todos hermanos?
¿Por qué no sabemos perdonar?
No sé, Jesús, no sé.
Viéndote ahí, indefenso, en poder de la muerte,
se me encoge el corazón.
Del libro inédito Así rezo yo de
JOSÉ LUIS RUBIO
No hay comentarios:
Publicar un comentario