Sonó el timbre y vi que eras tú, mi amor.
Nos saludamos los dos y me empezaste a hablar de tu amor y pasión,
Me dejé llevar por mi imaginación,
Cerré los ojos al escuchar el timbre de tu cálida voz,
Podía sentir cada apasionante caricia descrita,
Sentía mi cuerpo estremecer y humedecer con cada palabra de amor que me decías, con los ojos cerrados sentía recorrer tus manos rozando mis contornos erizando mi piel,
Sentir los dedos de tus hábiles manos irguiendo mis pezones, para luego penetrar y explorar mis ardientes entrañas, enloqueciendo mis sentidos de estremecidas emociones, desbordando de fogosos fluidos descender mi entrepierna...
Todo ese divino e intenso placer me haces sentir al escuchar cada detalle de tu melodiosa voz... al cerrar mis ojos.
Martha Sonia Reyes
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