I
La náusea
Un martillo de cobre
Que golpea la unidad
De los seres evanescentes
La impalpable dimensión
De las formas permeables
A toda latitud
A los cascabeles del rocío
En su enfermizo sedimento
Abrasa al fuego
Fluye con la inclinación
Del peso que impulsa
Al mercurio
Que espesa la nada
Su sombra
Redondea las lágrimas del mundo
Augura otros territorios
De inconmensurables espacios
Orlados
De argumentos contundentes
Que difuminan
La existencia
II
Todos los perros ladran
A la misma flor
Orinan a la luz
Y muerden a las rosas
Que nos perfuman
Conocimos la nieve
Cuando era incongruente
Tener frío
En nuestra conciencia
Serpientes de cera
Rompen los tobillos de Dios
En toda manzana sana
Hay golondrinas podridas
Y cabezas de ciervo
Que miran a los muertos
A medrosas sílfides
A escuetos emblemas cifrados
En cada órgano conciso
Hay una nube de pájaros
De acero rotundo
Un eco
Que muestra
Nuestro ángulo
Más oculto
III
La conciencia
Es lo que la luz nos ofrece:
Una cereza en el abismo
Dudosas intuiciones
Eternas medidas traídas
Directamente del sol
Bajo al nivel de la noche
Y me siento un cristal opaco
Una falsa ventana al mundo
Una obra inacabada
Que delira entre los lirios
En una casa curva
Cuyas columnas
Retan a la gravedad
Me aproximo
A la cámara de los números
Descubro un difuso espacio de novicias
Que acarician sus almas con sus nucas
Rumores vagos
Globos de espuma ingrávida
Cráneos de ola
Y hombres siniestros
Que roban la pasión
A los caballos
La conciencia es luz
Vital cadencia
Grito
Dolor
IV
Fluye el mundo
Por la diagonal
Del tiempo
Por los caminos invisibles
Del agua
Desde la primera aurora
Hasta el último umbral
Al otro lado de la noche
Hay brisas
Que siembran en el mar
Increíbles paradojas
Llenan los huecos
El vasto firmamento
De oscuras perlas muertas
El mundo
Es como nunca
Nadie
Dijo que era:
Infinitesimalmente
Idéntico
Al todo
Inconmensurablemente
Igual
A la nada
V
Las causas
Son palomas de alguien
Congruentes péndulos
Que al oscilar
Golpean la nada
En su absoluto perfil
Entonces
Las gatas negras
Sangran por sus bocas
Las larvas
Se prolongan
Y el mar
Bascula categóricamente
En su plenitud
Nada hay en el fuego
Sino pura inercia y conchas
Que guardan
Una intimidad abstracta
En su hueco
Equiparable a la noche
Algo impugna las sombras
Del otro lado del mundo
El mercurio
Tumba los átomos
Y aplasta a los ángeles
Que olfatean a Dios
En su fuente densa
Jaime B. Rosa -Valencia-
Publicado en suplemento de Realidades y ficciones 79
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