miércoles, 19 de diciembre de 2018

EL ACORDE CULPABLE


Abro la ventana del grito de los muertos.
Lanzo mis quejas en forma de lamento
que se empujan al salir

porque me agitaba y hundía
en un espeso mar de cielos líquidos.

Aunque mi manos amanecían tempranas
en el aire salido del seno de la luna.

Golpeo mis propias cuerdas
y me arranco del interior
las notas de lo profundo.

¡EL ACORDE CULPABLE!

Y me alzo sola vestida de pecado
y cubierta de silencio y delirio.

No puedo sostener por mucho tiempo
las proporciones del silencio
cuando nada lo visita.
La elegía del silencio
me corta de un tajo
el sueño de la memoria.
Mi fragmento de vida y mi porción de muerte
las mido por los latidos de mi pecho.
El silencio se aferra a mis dedos
y me hace caer frente a lo imaginario
donde una luz resbala al fondo del vacío
salmodiando melodías
y se estrella en el cristal de mi alma
que ensayaba ofrendas.

Noté que la muerte
tanteaba con sus dedos,
pero no encontraba las bridas.
Me sorprendió bajo la lluvia
de un campo de acordes oxidados
donde me escondía.

Mis bolsillos llenos de derrotas
sirven de almohadas en la
tumba de los muertos.

¡Infinitud de la nocturna pausa!
Volví a vivir desde la humedad
de las pavesas.
Levanté como el poeta
la losa de la metáfora
traspasando el olvido
con su sombra.
Aún veo alguna estrella rodeada de nubes.
Es posible que la vida vuelva a mí

CARMELA LINARES

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