Tus suaves manos entre mis dedos
la flor del tomillo,
la sinfonía oscura de aquel viento
y aquel otoño era de ensalmo...
Estuvimos en la montaña: ¿te acuerdas? conmigo
¡viejo lobo de bosque!
Te enseñé el romero y tú me pediste
que te cogiera madroños de la madroñera;
¡y yo aullé, aullé como un viejo coyote!
Me pediste que te enseñará el misterio
de la naturaleza y tú me enseñaste
la flor de la madreselva;
y yo te puse en el cuello aquel pañuelo rojo,
y cuando sentí el contacto de tus senos erectos
en mi pecho: ¡aullé, aullé como un viejo lobo de monte!
Mis aullidos asustaron a unos cervatillos
que por allí pastaban; mi fino olfato de viejo zorro,
pronto detectó tu aroma de hembra en celo...
¡Y aullé, ay Dios como aullé!
-Te llevaré a la montaña, te dije-
Es noche de luna llena y clara:
tú en aquel momento no sabías lo que aquello
significaba... y de buen grado aceptaste;
-pero yo, viejo lobo- si presentía lo que se acercaba...
Y me seguiste, mimosa e incauta... y desde entonces
se oye el eco de mis aullidos en aquella montaña...
RAFAEL CHACÓN MARTEL
No hay comentarios:
Publicar un comentario