Trasládame a tu mundo de las lunas
rotas y donde el tiempo se detiene
y la muerte a caballo se entretiene,
por los campos de negras aceitunas.
Donde brazos con formas de mil cunas
me protegen aunque mucho truene,
llévame al árbol de hoja que enajene,
y protégeme siempre aquí de hambrunas.
Cúbreme con la sombra de tu orilla,
y no me dejes nunca en la corriente,
y moldea a tu gusto, luz mi arcilla.
No me niegues el agua de la fuente
de tu boca pureza de chiquilla,
que muero solo en medio de la gente.
Carlos Puchelar
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