El lago de Como sonaba al piano.
Arpegios tan dulces
como cristalinas aguas.
Era Galos quien la melodía tocaba,
mientras suspiros salían
de un vuelo que se cruzaba.
No había galán en la barca,
sólo manojos de sueños
en un acunado horizonte
que se perdía
entre las brumas.
Si palomas el mar cruzaran
y fueran al norte de Italia,
vieran sólo una canoa dormida
en las eternas aguas del Lago.
El misterio escondiera
a la Donna del olvido.
Caminante desnuda,
dispuesta sobre otro mar
con pluma breve y ligera.
¡Cómo te entiendo, amor!
¡Fantasma de mis anhelos!
Date a volar, que yo te espero.
Lloré mi vida, mi alma callada.
Olas saltan en risas de espumas.
Galos callando… Chopin tocando...
¿Y Mozart?, dormita recostado,
aprisionado en su Flauta mágica.
Y yo, presto oído al viento
esperando susurros de versos.
Amor que para mí fue clavado
en un pentagrama de corcheas y blancas,
de fusas y semifusas…,
descarriadas, mudas...
vestidas de letras,
mas no de besos y caricias.
Quiso el destino
fuera edelweiss en la roca.
Solitaria y blanca flor
en lo más alto de la montaña.
Allí descansar primorosa,
en un silencioso madrigal
donde las cabras velan.
¡Oh, simpática vida!
Por el encanto de un sonido,
de un verso que cayó en mis manos,
soy , sin ser y siendo… ¡poseída!
Ana María Lorenzo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario