El colegial Esteban Ramírez se encarama en el sillón de su padre, aprovechando su ausencia. Una vez allí arriba, se acurruca lo más que puede en el respaldo mientras con desconfianza, desvía la mirada en ambas direcciones, como si temiese algo. Más, todas sus precauciones le son inservibles, cuando, apenas sintiéndose cómodo.
_ ¿Otra vez?
La expresión en el rostro avergonzado de Esteban lo dice todo, menos la verdad. Lo que en realidad desearía expresarle a su tía, es que se siente ofendido, ultrajado, atropellado, como un beato frente al que se ha cometido sacrilegio.
_ ¡Se lo diré a su padre!, ¡Ya le dije que si le veía otra vez con eso en las manos se lo diría! ¡Deme eso ahora mismo! ¿A dónde va esteban?
Dos horas después en el mismo sillón se repite el mismo capítulo, pero con la diferencia de que ahora esteban puede desplegar el papel ante sí sin el temor a verse interrumpido por la tía, ahora también ausente. Apenas el pliego amarillento se encuentra desplegado en sus cuatro anguilos ajados ante sus ojos, se abisma en su contenido como todos los días durante horas enteras, le es inevitable.
No importa que su tía se lo tuviese prohibido y que le había dicho a su padre que parecía un loco y que su propio padre le había dado un ultimátum en el sentido de que le entregara por el mismo ese papel. Le es inevitable.
¿Pero que contiene el papel al final de cuentas?
Tal vez solo él lo sepa a ciencia cierta. El los conoce de memoria. Veamos:
Aquí _dice en vos baja en un casi bisbiseo_ en estos puntos están las escuadras de caballería del monarca () y aquí a orillas del () acampa el general () que apenas ayer acampaba en las estribaciones del (). Cincuenta kilómetros en dos noches, baya Azaña. Mientras tanto Joaquín Roldan sin intuir nada y sin escolta se aproxima a () a ver a Dorotea. Si supiera Joaquín Roldan que a lo que más se aproxima es a una celada, tal vez al menos se hubiese puesto la cota… Pero Tristán Ramírez se encuentra cerca…
Oromi Navi
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