Llega un dolor camuflado y sibilino que se enrosca por la pierna hacia arriba helando el calcañar.
Llega un dolor, no por conocido menos dañino, no por familiar menos forastero.
Llega un dolor de vacíos. De bichas que roen lento y a gusto por dentro. De soles tordos y lagrimillas que por no llorarlas escuecen y queman y pican como leche de higuera. De vacunas adictivas. De placebos venenosos. De sueños venéreos.
Llega un dolor. El mismo de siempre. El que saluda echándote el brazo por encima con la misma sonrisa en su cara que sueles echar de menos cuando la rutina disfrazada de alegría se te pega un tropezón, empercudiéndose su vestidito de niña bien, al caérsete en el mismo charco donde acabas de mear la última andanada de cervezas.
FRANCISCO TOMÁS BARRIENTO -Campofrío-
No hay comentarios:
Publicar un comentario